TE QUIERO COMO ABRIGO

NICOLÁS IGARZÁBAL

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KARATECA

Es enero y el sol pega sobre nuestras cabezas como un karateca. Me parece que este sol no es el mismo que ayer; vino más gastado, menos colorido, le faltan rayos. Hace 29, 30, 32 grados; no más. Mi mente hace rato que dejó de llover y mi corazón ya no tartamudea. Escribo, escribo, escribo. Escribo porque no sé ladrar. Hay poesía debajo de las piedras, si buscás bien. Mi cuerpo es una terminal de ómnibus vacía, debo haber perdido la inspiración en algún asiento. Algo no funciona, algo se trabó y no gira, como un metegol oxidado. Mi casa es un estanque desde que te fuiste. Guardo tus caricias en una caja fuerte, llevo tatuados tus abrazos en mi piel. Hagamos las paces, hagamos las guerras, pero hagamos, que los duelos fueron hechos para festejar.

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BINOCULARES

Podría empapelar mi habitación con todas las palabras que me dijiste la última vez que nos vimos. Darme un atracón, comprarme unos binoculares para verte mejor, hacer “sapito” con una piedra en tus lagunas mentales. Nuestro amor nunca fue un éxito de taquilla pero siempre salimos a flote, incluso en esos momentos en que éramos tan pobres que soñábamos lo mismo. Deshilachados, caídos, gastados; los breteles de tu alma hablaban por sí solos. Nuestra relación era una escalera mecánica: fría, repetitiva, automatizada. Hoy, que está más aceitada, las cosas vuelven a su cauce y hasta podríamos arrebatarle las dos primeras letras a la palabra “imposible” sin que nadie se diera cuenta.  

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PANTANO

“Creer”, dice un tatuaje en su piel, y su piel nunca miente. Rubia las 24 horas del día, alta lo suficiente; piernas largas y flacas como un compás. Afuera de sus brazos el mundo es un lugar lleno de chinches, vidrios rotos y autos mal estacionados. Afuera de sus brazos el mundo es un lugar lleno de espinas, cascotes y peligros en fila. En el under del under descubrí su cuerpo sumergido entre dos océanos rojos una mañana opaca de agosto. Mi corazón era un pantano y algunas frases retumbaban como un tiroteo en los suburbios de mi cabeza. Hoy, algo más florecido el terreno, ya no huele a nostalgia, ni a pretérito perfecto simple; hoy mi corazón es una suite 5 estrellas. 

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IMANES

Vos decís “ducha”, yo digo “gotas de agua cayendo sobre tus poros como paracaidistas”. Vos decís “mesa”, yo digo “el sudor de un carpintero batallando contra su orgullo”. Vos decís “borrachera”, yo digo “recuerdos que se borraron de la caja negra de mi cabeza”. Y así podríamos estar durante horas charlando y encerrando nuestras vidas en 300, 350 palabras. Haceme un trailer de vos, a ver si sos un peliculón o una de Brad Pitt. Caminemos pegados, como dos imágenes de la heladera, hasta que la noche nos cierre la puerta en la cara. Tus “no” son como un fortín pero no me despabilan porque los dos sabemos que la felicidad es marketing. Sincronicemos nuestros enojos —sponsor oficial de la miseria humana— o aprendamos a querernos sin golpes abajo de la cintura. Pero hagámoslo pronto, antes de que la guerra del día a día nos convierta en otro lugar común.

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METEORITOS

Hagamos de cuenta
que es viernes;
que estás tirada
tan rubiamente
en tu cama,
masticando broncas
como chicles de menta
y haciendo globos
para volar
por toda la habitación;
que tenés otro par
de labios de repuesto,
que las visitas ya se fueron
y el futuro se pasea
en jogging por tu casa.

Quiero ser tu almohada,
quiero ser tu insomnio,
besarte con la boca del estómago
cuando te vayas a dormir.

Vos abrazame
que yo te cuido de los meteoritos.

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GROOVE

Algunas palabras
se me resbalan
de las manos;
y me olvido
de mi memoria;
y la ventanilla
de mi pasado
se abre sola;
y el tiempo
mastica los recuerdos
como pochoclo;
y las preguntas
sin freno de mano
chocan entre sí;
y me entrego
al groove de la tarde;
y mis labios-ataúdes
son sepultados
en la calma del jardín;
y es como si enero
durase todo el año.

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Un poema corto, 
oscuro, frío, parco
como el último show
de Jesus and Mary Chain 
la noche + lluviosa del mundo.
                                                        Foto: Tomás Correa Arce

Un poema corto, 

oscuro, frío, parco

como el último show

de Jesus and Mary Chain 

la noche + lluviosa del mundo.


                                                        Foto: Tomás Correa Arce

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TERREMOTO

Negociemos;
yo te doy mi soledad
y vos me das la tuya;
intercambiemos figuritas,
como si estuviésemos
en el patio del colegio
de alguna infancia
que nunca termina.

Intentemos por un rato;
lo que duren
cuatro cervezas frías,
tres bises,
dos papas fritas,
un taxi a Ciudadela.

Tu risa
es un terremoto,
mis miedos
son turistas alemanes
sacando fotos
arriba de un morro
y otra vez
no puedo dormir;
hay un insomnio
para cada persona,
como cada barco
tiene el iceberg
que se merece.

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BOOMERANG

Llueve y alguien está repitiendo ese poema de Vicente Luy que dice: “Llueve y alguien está diciendo ‘llueve’”. Dios escupe sobre nuestras cabezas más fuerte que nunca hoy, como si le debiéramos algún favor. Algo está roto, algo se quebró, algo va y nunca vuelve, como un boomerang fallado. Tengo ideas, muchas ideas; lo que me faltan son ideales. Mis pensamientos son linyeras durmiendo abajo de un puente. Un puente ancho como tus labios. Necesito que pase este desfile de maldad, colgarme de tus ramas, chocarme con esos ojos escandalosamente verdes. Cada latido es un milagro. Podría derrumbar un árbol genealógico con un hacha de papel, ¡ay, si tan sólo pudiera tatuarme tu optimismo en mi brazo!

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BONSAI

Desafío al viento
a jugar una carrera
alrededor del sol
—sólo él y yo—
hasta que alguno de los dos
caiga rostizado.

Millonarios y mendigos
comparten el mismo frío
al menos hoy;
hablemos bajito
para no despertar
a la bestia del invierno.

No hay sombras,
no hay contornos;
soy un árbol pequeño,
mal llamados bonsái,
en una noche tan roja
que parece colorada.

Que mi silencio tape
todo el escándalo
de la ciudad.

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JAURÍA

Un poema
que se parezca a tu sonrisa,
pero que no sea tan perfecto;
una novela larga y precisa,
como la escupida desde una terraza;
un guión insoportable y cruel, 
como aguantar un estornudo. 

Escribir y escribir
hasta que los huesos
se nos salgan de la carne. 

Si mi ansiedad era un perro pekinés,
hoy es una jauría entera.

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MACRODANCING

image

Un buen recital, que suene bien, que tenga una buena escenografía, que te pare la pija. Hace mucho que no veo eso. Esto de Babasónicos en el Luna Park se asemeja bastante. Parece un show internacional, un desfile de Giordano, una convención de periodistas de rock (somos pocos y nos conocemos mucho) o las tres cosas a la vez. Montaron el escenario sobre la calle Lavalle, en vez de sobre Madero (algo que una vez hizo The Kooks) y los efectos de luces juegan con los asientos de las plateas atrás de la banda. Esas plateas son el fondo del escenario y, a veces, Dárgelos se sube a cantar ahí arriba en momentos estratégicos de la lista, como en “Microdancing” para bailar con su hermano o en “Celofán” con Mariano Roger acompañándolo en la guitarra para introducir un clima de fogón-glam.

Tiene barba de unos días (¿Barbasónicos?), está enfrascado de azul y negro, y las dos pantallas de los costados muestran primerísimos primeros planos de su cara desordenada. Los que esperaban que saliera vestido de pantera como en el último video, se van a quedar con las ganas, aunque hay algunas chicas disfrazadas así que se sacan fotos con el público para alentar el slogan felino de la canción (incluso se venden remeras alusivas afuera).

Los temas del último disco encajan en el repertorio como piezas de un Tetris. Abren con “Los burócratas del amor” cantando atrás de un telón blanco que sólo deja traslucir sus siluetas y que se baja en el momento en que el estribillo estalla como una granada en sus manos. Todas las canciones nuevas son bien recibidas; no es como esas bandas que ves a la gente esperando los clásicos y bostezando en las novedades. Babasónicos, al igual que grupos como Pez y Massacre, tiene ese plus de “músicos melómanos para público melómano” que se interesa por cosas nuevas. Tienen tantos hits que esta noche podrían hacer 5 listas distintas sin repetir un sólo tema. De ahí que se den el lujo de descartar “Irresponsables”, “Pijamas” y “Soy Rock”, y caer bien parados igual.  

Hay rescates viejos (“Seis vírgenes descalzas”, “Sátiro”), varios enganches (“¿Y qué?” + “Egocripta”, “Barranca abajo” + “Perfume Casino”) y todos los temas restantes de Romantisísmico: 12 de 12, asistencia perfecta hoy. Veo entre el público a una fanática contra la valla revoleando unas plumas como si fuesen un poncho, una chica con vincha de orejas de gato, otra con el pelo violeta, a Leo García camuflado en el campo, a un colega franeleando con la novia más atrás, y a Dárgelos cantando que se quiere revolcar con vos y con todo el Luna Park entero, si pudiera. Algo que podríamos relacionar con “El baile de Odín”, que tiene ese riff para hacer headbanging un buen rato y la frase hot que dice “sigo el hilo luminoso de tu tanga”. La sutileza ante todo. 

Foto: Cecilia Salas