TE QUIERO COMO ABRIGO

NICOLÁS IGARZÁBAL

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MIEDO

A que mi boca se empaste y la sonrisa se me oxide. 

A salir a la calle con las ideas despeinadas. 

A que mis lagañas no combinen con la ropa que llevo puesta. 

A que nadie me ronronee cuando llegue a casa. 

A que me tropiece y caiga en el lugar más común de los lugares comunes. 

A firmar una relación sin haber leído la letra chica. 

A que no venga nadie a mi funeral y lo tenga que posponer. 

A que la paranoia me esté siguiendo.

A que este otoño sea el mismo que el año pasado pero más gastado. 

A que la muerte tenga un cargo público en el gobierno. 

A que el cinismo se convierta en el alimento balanceado de la sociedad. 

A que mi vida sea un plagio de otra mucho mejor. 

A que me detengan por hacer apología de tu saliva. 

A que este tumor de humo y concreto llamado ciudad 
me consuma en hora pico. 

A que haya gente que no conozca el mar pero sí la Coca-Cola. 

A que me diagnostiquen fiebre cuando es soledad. 

A que estemos admirando a las personas equivocadas. 

A cruzarte en la calle y que, en vez de decirte todo lo que te extraño, 
te diga: “Hola”. 

A que un día mi cabeza deje de ladrarme y se me corte la inspiración. 

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LINEA 114

Tres de la mañana
y el motor del 114,
incrustado en mi pecho,
suena como un tema de Joy Division
pasado al revés.


La noche llora,
la noche ríe,
la noche sangra.


Que el silencio
me parta en dos.

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LÍNEA 60

Ya pagué los platos rotos,
ya construí castillos de arena
y reiné dentro de ellos,
ya hice la revolución
y me fusilaron,
ya me colé en la fila,
ya modifiqué mis palabras
para que atraviesen las paredes,
ya me hice enemigos nuevos
porque los viejos
no estaban a la altura,
ya besé en la boca a la Muerte,
ya nadé en mis lagunas mentales,
ya rompí la barrera del sonido,
ya sudé la gota gorda,
ya tomé todos los ramales del 60,
ya me acosté con el Diablo,
ya me amigué con las casualidades,
ya nevé, ya lloví,
ya le pisé los talones a la noche,
ya encontré asilo político
en tus brazos,
pero todavía me quedan
muchas cosas por hacer
y al futuro no le saqué el celofán.

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LINEA 132 

Envidio al que lee y no se marea, 
al que mantiene el equilibrio
sin tomarse del pasamanos, 
y al que está sentado al lado tuyo
en el colectivo de enfrente
porque se tomó el correcto.

¡Ay, si tan sólo 
pudiera romper los vidrios
para escaparme
de este bandoneón con ruedas 
y alcanzarte 
en la próxima parada! 

Acurrucado 
en el primer asiento del 132, 
de espaldas al conductor, 
la ciudad pasa por mis ojos 
como una película 
que se rebobina sola. 

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BANDERA ROJA

Hoy me levanté sin ganas de conquistar el mundo; ya está, que se encargue otro. Hay bandera roja en las playas de Almagro, ahí donde Corrientes histeriquea con Medrano. Prohibido meterse al mar, qué importa, si yo salí sin malla. El colectivo vino lleno de dudas, veo taxis en celo a toda velocidad con pasajeros imposibles. De mi boca a tu boca faltan 30 cuadras, 10 puestos de diarios, 5 paradas de subte, 2 plazas, 3 comisarías y 2 avenidas con nombre de ex presidentes. Una patota de errores ortográficos acecha la ciudad, luthiers de corazones anuncian paro de tres días, ejércitos de vedettes declaran guerra de taquillas y empiezan los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, ¿Cuánto cotiza el dólar hoy? ¿Cuánto cotiza tu dolor hoy? Jagger, Dylan, Hendrix, Harrison, Plant, Joey, Drake, Reed, Iggy, Cobain, Yorke, Vedder y tu voz, a través del portero eléctrico, cuando toco el timbre y te paso a buscar. 

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PECES EN EL PASTO

Cambié de domicilio, cambié de trabajo, cambié de piel como las serpientes. Yo ya fui vos y me aburrí. Ahora soy la reja que separa la libertad de la no-libertad, la taquicardia de hacer algo prohibido, el cirujano de tus tetas perfectas. Yo ya fui vos y me aburrí. No esperes nada/nunca de nadie, el libro de quejas da siempre ocupado. Peces en el pasto, la daga durmiendo en la herida, un beso por cada semáforo en rojo. Yo ya fui vos y me aburrí. Los recuerdos me pican el brazo derecho y no hay repelente en casa. Sé que no te gusta que te toquen las rodillas pero pienso hacerlo igual porque no veo que tengan candado. Yo ya fui vos y me aburrí. Ahora desconfío hasta de las agujas del reloj, ahora no hay radio que sintonice con mi personalidad. Los Mark Chapman de las redes sociales, las fanáticas de la palabra “mameluco”, ese viernes que saliste en la tapa de los diarios (tu belleza ya no es novedad). Yo ya fui vos y me aburrí. Miro al sol directamente a los ojos y lo entiendo todo. 

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JUAN B. JUSTO Y CUALQUIERA

Es mi tercer desayuno y todavía no me dormí (el insomnio dispara con sebitas). El catarro de los días, la palabra justa en el lugar menos pensado, el empate en tiempo suplementario. Saco la mano por la ventana: lluvia de héroes, pronostica Juanse desde alguna radio de pilas sulfatadas. Papilla de recuerdos filmados en plano cenital, 18 timbres y ni una voz en el portero. Un autochocador que me deja en Juan. B Justo y Cualquiera, un colectivo que tarda más de lo debido (¿de cuántos gigas es tu ansiedad?), una cama que me espera con los brazos abiertos. Me bostezan en la nuca, se ríen a mis espaldas, mataron al viento y lo enterraron en el jardín. Yo lo vi. Yo estuve ahí. Me acuerdo de todo y de casi nada. Espejito, espejito, ¿de quién es esta resaquita? El delivery de poesías hace horas extras, el futuro viene con las uñas largas, la revolución no será retwitteada. Yo: todo presente. De pies a cabeza. Como estas palabras esmeriladas. Que escribí. Un 26 de enero. De 1895.

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Hay ideas

y

sentimientos

que sacuden

las ramas de mi cabeza

más que cualquier

tormenta de verano. 

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SILENCIO DE RADIO

Silencio de radio atorado en mi garganta como un bolo alimenticio, la mentira de la “envidia sana”, la biografía no autorizada de mi insomnio disponible en todas las librerías del país. Alguien besa a alguien por primera vez, alguien le encuentra –¡por fin!– el pelo al huevo, alguien escribe un poema creyendo que está vivo. Irse por la tangente, caminar por los zócalos, te busco hasta dentro de los (paréntesis) de las oraciones. Himnos de alcantarillas, una fiesta de regaños, un amor en cada viaje en colectivo. Masajes de texto en los pies, ya no queda nadie en el palacio de las contradicciones, al carajo con la pirámide invertida que tanto predican en las escuelas de periodismo. Soy el cadete impuntual de la oficina, la policía mental me persigue por todo el vecindario, el Nicolás Igarzábal del año 2032 me dice: “Todo va a estar bien”. Algunas puertas no necesitan picaporte. No hay escritores perfectos, sólo momentos perfectos. Algunos se conforman con una baldosa de libertad: yo quiero el patio entero. Son las 5:30 AM, entra luz por la ventana y algunas preguntas nuevas. Otro día que me duermo de día.

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LOS VENTRILOCUOS DEL AMOR

Un asado con Dios, un asado con tos, un asado con vos. Tomar un colectivo nuevo, encontrar la esencia de la esencia, morder los días como si fuesen caramelos de ananá. Poemas como frazadas, problemas como ventosas, maten al guionista de esta película independiente clase B. Encerrados en sus propios aire acondicionados, los ventrílocuos del amor ya no salen a escena, ya no pagan sus impuestos. Alumbrado, barrido y limpieza: 3 cosas que podés encontrar en un buen libro de poesías, una noche cualquiera, ¿el insomnio es contagioso? Tengo más ganas de verte que de dormir. Cerros, sierras, zorras. Nunca remonté un barrilete, y esta no es otra metáfora barata. Presto atención, presto libros, presto ropa, presto hasta lo que no tengo. Si sumáramos todas las soledades de la ciudad y las multiplicáramos por algo de adrenalina, seguramente nos sentiríamos más acompañados. Nos merecemos desgracias mejores.

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LAS CHICAS MÁS LINDAS VIAJAN EN EL 152 

Guerreros eléctricos atacan un plato de medialunas, dictaduras postizas gobernando mis encías, un orgasmo en el bolsillo derecho del pantalón. Y, a lo lejos, una tormenta de ideas se aproxima directo a mi cabeza, ¿la ven? Soy un dealer musical, soy mi propia hemeroteca, soy católico apostólico romántico. Tengo amores subterráneos, tengo los pitucones algo gastados, tengo varios posgrados en colectivo y puedo afirmar que las chicas más lindas viajan en el 152. Tengo la piedra movediza de Tandil en mis zapatos, tres preguntas rebotando sobre la mesada de la cocina, siete letras bailoteando entre los dedos que, unidas, forman la palabra más fea del mundo. Llueve en cuotas, mi rockola mental musicaliza el momento: el hit del verano sos vos. Algunos quieren enrejar el Paraíso, otros quieren la fórmula de la coca-cola. Yo sólo quiero alguien que me diga -de una buena vez por todas- de qué color es el caos.